miércoles, 3 de septiembre de 2008

Estática


Días sin ningún disimulo a la mediocridad. De mi habitación a la estática biblioteca (que afortunadamente permanece estática para bien de mi cordura y mi estabilidad emocional) son 5 minutos a paso de jinete; aveces puedo tardar todo el día en llegar. Encontrar que la biblioteca está 3 cm más cerca de mi casa, sería una aventura mas en un día estático como han sido casi todos estos días. Casi todos, porque hubo uno o dos, dentro del mes de agosto, que se salieron subrepticiamente de la rutina amarga de un estudiante en París. Cambio de ritmo I: un vecino toca a mi puerta y me pregunta algo en un francés africano de la misma complejidad que el español dominicano. le digo Je ne sais pas. por querer decir que no le entendía, y el me dice ça serait bien, merci, au revoir. Cambio de ritmo II: entrando a la biblioteca me encuentro con un hombre igual a mi pero creo que de descendencia oriental, a primera vista me hizo horrorizar la idea de encontrarme a mi mismo, en las mismas, repetidas veces. Luego me di cuenta que era un poco más alto que yo y que hablaba chino. De vuelta a la estática.  Agosto: cité U, los días pueden ser más largos y las noches igual de largas porque todo es igual, incluso la monotonía.

martes, 19 de agosto de 2008

Amsterdam


Si todos los días terminaran en Amsterdam y no regresáramos?
a pesar de enrredarme en esas nubes de humo, en esos pálidos ojos y en los muy inseguros y ardientes rostros,
sabía que todo mi cuerpo y que toda la esencia, el olor y esos extraños movimientos que sentía a mi lado, no eran nada...
es verdad que no amanece, es verdad que no hay movimiento alguno.
Algo me dijo Douglas, algo importante...qué era?
dos días que no fueron días entre la lluvia, eso es seguro.
"No es el olvido
la niebla que anida entre los ojos.."

viernes, 25 de julio de 2008

De Rocky a Rambo y otras Sagas, rompiendo el mito anti-Holywood.


Hace ya algunos meses se estrenó la cuarta parte de Rambo, John Rambo(Stallone, 2008) continuación de una de las mejores sagas de antiheroes de Hollywood y representante de la decadencia del cine bélico actual. La vi y me gustó, me gustó la carnicería de comienzo a fin, la sangre y la crudeza de cada escena, el irremediable rostro sudoroso y estático de Silvstre Stallone, el argumento simple y previsible, los vacíos guionísticos, los personajes baldíos y la dirección conformista de su mediocre realizador. tal vez me guste el cine mediocre, no todos somos perfectos. Todo me gustó, me gustó la cara que hicieron algunos amigos y el descontento de mis amigos y enemigos, cuando les conté mi hazaña. 
No podían creer que perdiera dinero en este "tipo de cine", la realidad oculta es que no gasté un sólo céntimoa, pues la vi por internet, sin embargo no me hubiera importado hacerlo, bueno, o tal vez si, el caso es que Rambo cumple con el principal objetivo comercial del cine que es entretener (a mi me entretuvo) pero lo que realmente me duele de todo esto,d e toda esta parafernalia que representa una película como ésta, son las injustas difamaciones hechas por los activistas anti-Hollywood que no creen en estas Sagas tan sólo por lo que representan: entretención. Me criticaron aquellos que creen que el único cine válido es el "cine de autor" el "cine arte", es decir, el cine que no es de Hollywood, porque así son de básicas sus pretensiones cinéfilas, todo aquello que no viene de Hollywood es cine y si viene de Polonia o Servia, pues mejor y si es, preferiblemente, de Japón o Vietnam, o claro, de Francia o Alemania, es "Arte", el resto es bulgaridad, "comercio"; y la gente que se cree culta y que se aglomera en nuestro pequeños países pobres en las diminutas e incómodas salas en dónde se presentan nimias películas del peor cine Francés o taiwanes, pero que se venden como obras maestras a la inteligencia de nuestra clase intelectual, miran satisfechos, orgullosamente engañados y con el ego intacto aquellas obras sutiles de un sólo acto y de pésimas traducciones que los hacen sentir superiores y extravagantes a pesar de su pobre realidad ; 
Estudiantes, profesores, salen del teatro con sus pipas y sus sacos de cuello alto comentando la fotografía y la secuencia en la que el personaje principal contempla durante 20 minutos la caída de una hoja en otoño, o el significado anti-imperialista del sombrero rojo de un personaje al que nunca se le ve el rostro y que resulta ser él mismo y todos y ninguno a la vez. Para estos seres terroríficos, universitarios tratando de ligar con alguna niña, universitarias tratando de deshacerse de algún hombre, y que hablan de Godard, de Antonioni, Lubitsch, Bergeman o de Traufaut se les olvida que cineastas como Hitchcock, Ford, Coppola, Altman y hasta Kubrick tuvieron algo que ver con Holywood, con el "cine comercial" y que muchos de ellos deben sus grandilocuentes producciones gracias a ese cine popular. Cine comercial = cine basura, es una categoría anacrónica que desvincula el potencial del director con la producción. El cine tiene que ser para todos y entre más gente se aglomere para apreciar la suprema maravilla del cine mejor; algunos les gustarán y tendrán como películas de culto la saga de la india María (por qué no?) o de Sé lo que hicieron el verano pasado y otros preferirán al ladrón de bicicletas o blow up; yo me pregunto, entonces, qué hace Scorsese en producciones maestras como Googfellas (1990) o The Departed (2006), o David Lynch en The Straight Story (1999) producida por Disney, o Eastwood con obras demoledoras como Unforgiven (1992) o Mystic River (2003)?, lo que hacen no son obras maestras?... todo eso es cine de Hollywood, todo eso, es cine también. De esta manera vuelvo al tema de este texto, Rambo. Rambo, Rocky y todas las sagas con personajes míticos creados para entretener, desde Indiana Jones hasta Aliens y Depredador; 
Las dos primeras películas no sólo tienen en común el protagonista, ni que el director de las úlitmas partes de esta saga sea también el protagonista, sino que además, las dos vienen de hacer su reaparición de manera honrrosa, al igual que Indiana, en las salas del mundo y representan mitos hollywoodenses y antiheroes del cine, como lo fueron en su tiempo Harry el sucio ( Don Sieguel, 1971) o el vengador anónimo (Michel Winner, 1974). Y si todos recordamos (y queda en la memoria) el cinismo del Inspector Callhan en el rostro de Clint Eastwood o la frialdad de Paul Kersey interpratdo por el glorioso Charles Bronson, aún podremos regocijarnos, gracias al estreno reciente de sus sagas, de la mirada enajenada y violenta de un Jhon Rambo sin compasión y la inocente, tontarrona y a la vez perversa ambición de triunfo de Rocky Balboa.
Realmente para valorar estas sagas hay que dejar a un lago la estética, que muhcas veces es excelento o por lo menos honorable, y contemplar al mito creado en sus primogénitas partes. Estos anti-heroes, que encarnan lo más pervertido de nuestras sociedades y los miedos y los imaginarios de los Norte Americanos y que se presentan como alegorías a la tristeza, a la soledad, a la violencia que tenemos dentro pero que ante todo son una alegoría a la humanidad, nos hacen percibir que el mundo se puede burlar de si mismo, e ahí su magia, es ahí en donde cobra sentido la cinematrografía "comercial". Recordemos un poco quién es Rocky en la primera parte de la saga llamada Rocky (Avildsen, 1976), Este personaje es un inmigrante italiano, ferviente católico, pobre, que vive en un suburbio de Filadelfia y que además tiene un leve retraso mental; su afición: el Boxeo, pero además es Zurdo y un boxeador zurdo debe trabajar el doble para no competir en desventaja, es decir lo tiene todo para ser un estigmatizado, un anormal, un hombre infame. 
Logra, por medio de varios esfuerzos y limitaciones y gracias a que el entonces defensor del título Apolo Creed necesitaba de un boxeador de baja categoría que le permitiera conservar por otro año su título, llegar a la final del campeonato del mundo. Y pierde. Es ahí en donde nace un nuevo antiheroe, es ahí en donde nace el mito, es ahí en donde la saga tiene que continuar y las secuelas engrandecer su historia; rocky no gana jamás una pelea, que no sea una pelea callejera, en Rocky II (Stallone, 1979) gana por decisión, en rocky III (Stallone, 1982) todas las pelas son compradas y en la úlitma gana pero porque Mr T no entrenó, se confió y no era e mismo del primer combate, en Rocky IV (Stallone, 1985) en plena guerra fría, la pelea final la gana pero es declarada ilegal y además queda en la ruina por una apuesta en su contra hecha por su cuñado, en Rocky V (Avildsen, 1990) la gana, pero en la calle y no es de Boxeo, y en Rocky VI (Stallone, 2006) ya viejo, decide pelear por última vez y vuelve a perder....Increible. 
Con Rambo sucede lo mismo, pero al revés: Es un excombatiente de la guerra de Vietnam que regresa a su patria convertido en Héroe y que termina como el más frío de los mercenarios. En First blood (Kotcheff, 1982), tal vez la mejor de todas, el personaje de Jhon Rambo, regresa de la Guerra dispuesto a hacer una vida normal, pero se encuentra con la hostilidad de un pueblo que no le permite olvidar lo vivido en la guerra; Las otras sagas, aunque “ellos comenzaron”, Rambo no deja de destruir y matar gente en todas su sagas sin contemplación alguna de patria, raza o religión, al final se convierte en ermitaño al que no dejan tranquilo ni en las profundidades de la jungla asiática. 
Indiana Jones, a pesar de lo rimbonbante de su guión, sale bien librado gracias a que conserva intactas las manías y las señas que lo caracterizaron desde su primara parte en busca del arca perdida (Spielberg, 1981) en donde el manejo del humor es fundamental para crear el aprecio hacia este mítico antihéroe.
Aunque muchas de estas películas son malas, algunas hasta dan risa y tristeza, quienes crecimos con muchos de estos mitos nos parece inevitable continuar apreciando aquello que vimos cuando niños y que nos hace partícipes de una o muchas generaciones sin que sea necesario exterminar al Héroe para entender que la mediocridad de muchas de estas sagas, refleja simplemente que el cine es y debe ser un submundo en donde todas las realidades reflejen lo ficticio de nuestras vidas.

viernes, 11 de abril de 2008

El regreso a la indiferencia


Han pasado tres meses largos desde la úlitma aparición de algún escrito o esbozo burlezco de escritura en este blog. Tres meses!! y ningún comentario, ningún cuestionamiento o preocupación por parte de mis asiduos lectores. Hecho extraño y contradictorio, dadas las multitudinarias visitas que tenía y los innumerables comentarios que llegaban de todas partes del mundo ( de Brasil, Francia, Colombia, Italia, Japón...) sobre todo a raíz de mi úlitmo escrito que generó polémica por hacer un mal ensayo de plagio de un poeta que no era poeta, pues era él mismo. Eso demuestra una vez más que se ha alcanzado lo que se tenía por objetivo en el blog: la indiferencia. Esa, la indiferencia, la que nos tiene en el umbral de la podredumbre, de la ignorancia; porque los colombianos somos indiferentes, los latinoamericanos somos indiferentes, a todo, a la familia, a la ciudad, a la violencia, a la guerra (porque dos marchas en un país con 200 años de guerra no cambian absolutamente nada), al hambre, a la miseria, indiferentes a la indiferencia; y mi blog no fue la excepción, ni más faltaba. Pero acá estoy de nuevo, tratando nuevamente de romper con la monotonía de mis días en París (monotonía, que cabe decir, no me molesta lo más mínimo), de la Universidad sobre el BLd Raspail, hasta Dnfert-Rochereau, de allí hasta Parc Mossouri, pasando por la rue Emile Deutch hasta el bld Jourdan y de ahí a mi casa en la cité Universitaire, todos los días, media hora de camino después de algunos seminarios en donde muchas veces el francés, en tonalidades muy bajas, se confunde con el ruido y el ruido con los pensamientos más inhóspitos, hasta que un cambio de voz o un movimiento de quien está sentado al lado mío, me revela la triste realidad de mi condición subalterna y mi derecho a no roncar. Del bld raspail a la rue Vavin o Asás, hasta Luxemburgo, pasando por el Quartier Latin, luego Saint Michel, cruzando el Sena hasta la Rue Renard para llegar hasta el interminable barrio judío...caminatas monótonas que no dejaré de hacer, como no dejaré de hacer este blog, a pesar de la indeferencia, de la violencia o el hambre, segurié anti-escribiendo, como un ejercicio de mofa, de incoherencia conmigo mismo y de irrespeto con ustedes.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Un poema prestado


Como consecuencia de los múltiples mensajes (algunos un tanto fuera de tono) y de las casi infinitas críticas por no incluir dentro de mis escasos y fatídicos escritos algo de poesía, me he visto en la vergonzosa necesidad de buscar en mis archivos de antaño cualquier cosa que tuviese por lo menos la intención de ser un poema. el problema es que no encontré nada, absolutamente nada que fuera digno de este prestigioso y concurrido intersticio, sólo versos cursis (si es que a eso se le pueden llamar versos) y frases vagas de una profundidad adolescente realmente profana para cualquier conocedor del género. De esta manera, decidí tomar un poema prestado de un autor amigo, escritor, músico, filósofo, con el que he convivido y con el que he martirizado mi tiempo tanto en Colombia y después, por un encuentro casual, en Europa; Se trata de Raúl Faría, nombre que me ha confesado no es el verdadero, pero que es el que ha decidido adoptar, según él, como un homenaje a lo real y a lo ficticio: Raúl, por Raúl Gómez Jattin, nuestro gran poeta colombiano, y Faría, por ese personaje sabio y entristecido que ayuda, en su encierro en la isla de IF, al joven e injustamente condenado Edmundo Dantés en la novela de A. Dumas "El Conde de Montecristo". Poema que tal vez no sea un poema y tal véz sea tan sólo un panfleto contradictorio que saca a luz un poco de esa rebeldía literaria un tanto trasnochada, pero muy ocurrente para el inmaduro lector de poesía e innecesaria para los entendidos. Por mi parte, yo sólo quiero complacer a mis ilustres lectores; y para aquellos que esperan un poema empalagoso al estilo Benedetti o un poema enciclopédico al estilo Borges, quizás (con todo el respeto del Señor R. Faría) no encuentren sino un poema al estilo Colombiano: mediocre.

POEMA XXI

A la literatura remota, a la que no tiene reglas,
a la que no le importa proust o shakespeare,
la literatura demoniaca,
la literatura de tumba y sangre,
la literatura del fracaso, la del poeta perdedor,
a la literatura que no es basura,
pero no le importaría serla,
a la literatura y la poesía de la gente,
del pueblo,
a la que no es académica,
la que se hace con los hechos,
con la palabra simple, con mísera sílaba de un niño.
La literatura que nace en nuestras nalgas,
que explota en nuestra cabeza,
la literatura improvisada,
efímera,
la que nadie recuerda,
al poema brillante que no rima, que no dice nada,
que no habla del amor,
o si,
del amor a la escritura
o del amor por una fea,
por una bigotuda,
por una mueca,
por una tuerta,
a la que se despeluca
a la literatura calva,
con hemorroides,
a la literatura más simple, más perfecta,
al poema más corto,
a la literatura policiaca, la del misterio,
la del secreto,
la literatura de barrio,
la de la calle décima,
la literatura que grita,
la que pincha en una disco,
la que juega futbol,
la que come en la calle,
la que compra cerveza
la del inmigrante, la del obrero,
la que hace la compra en los mostences,
la que ve a Hitchcock,
la literatura que nace en una cueva,
la que se come los mocos y no se baña,
a la poesía
y
a la literatura
de carretera, la de los imbéciles,
la de los más inteligentes,
no la que se vende,
esa la compro,
a la literatura que se come,
que sabe a empanada de carne,
a cubio o a melcocha de la abuela,
a la literatura de una lombriz,
a la de una hormiga,
a la literatura de la tierra, del campo,
a la literatura
vil,
la que nadie lee,
la literatura marginada por los estratos,
por las universidades,
a la literatura grasienta que huele a taller,
a la literatura que huele a pedo,
a coliflor cocinado,
a la literatura del vientre,
la de las nalgas,
la del pubis,
la que se orina en una pared
la que escupe
desde el último piso de un edificio
a la literatura verde,
a la literatura mojada y fría,
a la que se quema en el infierno,
a la única literatura válida,
la literatura que hacemos,
que nos da la gana,
a
esa
literatura
le hago una venia
y me la como
sin nada.

R. Faría
París, 2007

viernes, 9 de noviembre de 2007

al abismo...


Todo está dado, todo esta allí, frente a nosotros, pero no lo vemos, o por lo menos algunos no lo vemos, o bueno, yo por lo menos no lo veo. Pero todo es tan claro, todo se inserta en la imaginación, en la podredumbre de la mente, allí está todo, no basta sino acercarnos un poco y el mundo se nos avalancha como el día, nos toma del pescuezo y nos aprieta, nos da dos bofetadas, nos despeluca y nos viola sin darnos cuenta. Y seguimos ahí, estáticos, congelados, prensados en un catastrófico ciclo en la que hay que reproducirse, buscar fama y dinero, conocer el mundo (qué pretenciosos somos) querer, amar, odiar, llorar, sufrir, orinar, tirarse un pedo en el mar, todo en más o menos (según la intensidad de nuestros vicios) en seis, siete décadas. Y es todo lo que tenemos, el que no aprovechó, se jodió. Algunos eligen su camino rápidamente: ser profesor de escuela (o de universidad si hay suerte), ser ingeniero o político, otros más tristemente osados se arriesgan a ser escritores o algunos más suicidas se arriesgan a ser poetas y llegan a viejos creyendo en su eternidad, pero todos ven que allí, en ese minúsculo lugar geográfico en donde se ubican, en el ostracismo de sus calzoncillos, en ese diminuto detalle de la domiciliación está su lugar en el mundo; otros no vemos nada, simplemente queremos estar, vivir como parásitos enganchados en la superficie del planeta esperando, simplemente esperando, queremos caminar, reproducirnos, encontrar la fama y el dinero, queremos amar o odiar, tirarnos ese pedo en el mar, buscar el cinismo que nos permita recorrer el camino de las hormigas, con una hoja en la espalda y oliéndole el culo al de adelante, y es allí en donde la casualidad, el destino, el azar, entra a jugar un papel fundamental en nuestras parsimoniosas vidas, porque no buscamos nada, simplemente existir, nuestra domiciliación no tiene número, nuestra domiciliación es allí en donde el mundo nos quiera vomitar. Tal vez terminemos como profesores o como ingenieros, también, tal vez, terminemos como políticos (que los dioses no lo quieran así(?)), o tristemente acabaremos como escritores o poetas, el caso señores, es no buscar nada… hay talento? Hay algo que nos permita distinguirnos de la urbe cotidiana? Simplemente hay que sentarse en un viejo sofá o sobre el tapete sucio de esa habitación anciana, mientras vemos alguna película sin sentido, leemos un libro que no entendemos o escribimos cosas estúpidas como ésta y esperar a que el mundo nos saque la lengua y nos de el empujón que nos falta hacia el abismo insalvable de la mediocridad.Image Hosted by ImageShack.us

domingo, 7 de octubre de 2007

QUE DEMONIOS HAGO EN LILLE??






De camino a París para continuar mis estudios (que parecen no terminar nunca…eso espero) me encontré hace más de 3 meses, y por una serie de coincidencias y de eventualidades que no van al caso, con una pequeña ciudad universitaria: Lille. Capital del departament du Nord, al norte (irán notando que mi francés ha avanzado notablemente) frontera con Bélgica a tan sólo 40 min en tren de Bruselas, a dos horas de Londres por el Eurotunel y a una hora en TGV desde París, esta ciudad goza de una rareza excepcional con una atmósfera que mezcla Blade Runner con El mago de Oz. Lille es una ciudad de contrastes. De la suciedad de muchas calles se puede pasar a la tranquilidad de algún parque o a la pulcritud de los barrios burgueses. De la amabilidad de la gente en las boulangerie o pâtisserie, se pasa a la agresividad y la violencia que se respira y que se refleja en la mirada de algunos habitantes solitarios y excluídos, que deambulan con una botella en la mano por las calles aledañas a la estación de tren o en los suburbios que no son muy lejos del centro. Mi estancia es temporal (eso espero), pues como les dije mi destino es París.Image Hosted by ImageShack.us
Se preguntarán, entonces, qué demonios estoy haciendo acá, en una ciudad en donde llueve más que en Quibdo y en donde el 98% de la población inmigrante es musulmana; pues estudiar, estudiar francés. Perfeccionarlo, decía yo, pero la realidad es que mi nivel tarzanesco resultó ser casi nulo, por lo que tal véz me resultaba más fácil entender a un grupo de costeños discutiendo mientras juegan dominó, que el francés callejero de esta urbe de más de 300.000 personas. Y para esta labor qué mejor que una pequeña ciudad en donde las hostilidades y las prepotencias capitalinas son reemplazadas por la hospitalidad y el altruismo casi canadiense de la gente con que me he encontrado. Pero les sigo contando un poco de Lille. Image Hosted by ImageShack.us
TAG this image Ciudad capital de la cultura por allá en 2004 (título que es casi igual de invisible que el de ciudad del libro), con un barrio viejo indudablemente bello, con casas altas de colores y calles angostas y con curvaturas impredecibles, con puertas medievales, una torre con un reloj del siglo XIV y panaderías en cada esquina, Lille cumple todas las condiciones para ser una ciudad más que soportable. Esta es una ciudad con mucha historia, como todas en Europa y como todas en el mundo. Fue de Flandes durante el medioevo y del reino hispano (La mala suerte no fue sólo nuestra) en el siglo XVI y XVII para posteriormente ser recuperada por Francia; fue un punto clave para los alemanes en las dos guerras (fue por allí por donde entró Hittler a Francia tras no poder romper la linea Maginot), y a causa de tantas batallas que ha sufrido desde la edad media, incluyendo bombardeos durante la primera y la segunda guerra mundial, es muy común ver en los parques y en los barrios antiguos residuos de murallas y fuertes, puertas medievales (convertidos ahora en monumentos) y arquitectura heterogénea por todos lados. Image Hosted by ImageShack.us
TAG this imageSin embargo esta ciudad tiene una particularidad única, como quizá lo sea Leticia o Cúcuta o como lo es el Estado de sonora en México (acá no hay que respetar comparaciones, para no ofender a nadie): Lille es una ciudad fronteriza, un paso invaluable para los traficantes de droga hacia Bélgica y Holanda y para los viajeros errantes que vagan por este viejo continente. Es así que Lille está llena de gente rara, de “anormales” o “hombres infames” como diría Foucault; Locos, vagabundos, bobos, sordos, cojos, muecos, gente errante que habla sola y caza moscas mientras camina….bueno, gente casi paranormal, que pide dinero en cualquier calle o en cualquier boca de metro (Lille, a pesar de su tamaño, tiene metro: Dos lineas que se extienden a todos los suburbios y pequeñas ciudades alrededor) y lo particular del asunto no es que esta gente pida plata en un país con un Estado de bienestar del que se sienten orgullosos y que les financia casi todo en sus vidas y por el cual, sobra decir, están quebrados, sino que si la gente como yo, que realmente sí necesita pedir alguna ayuda, les dice que no tiene dinero, ellos se siente apenados y piden disculpas acompañadas de reverencia y gestos de cortesía teatral, mientras te dejan ir sin ninguna displicencia. Además de todo esto, hay que sumar la población inmigrante, de la que ya dije que en su mayoría era musulmana y el otro porcentaje africanos, chinos(obviamente) y un margen de error: nosotros, los latinoamericanos, es decir, yo, porque por acá ni la sombra ni el desorden y la sabrosura de nuestra tierrita, aunque sin lugar a dudas (pongo mi mano al fuego) debe haber algún paisa o algún cachaco bien entrenado por ahí tratando de venderles arepas a estos franceses ingenuos que conciben el mundo en forma de pan francés.Image Hosted by ImageShack.us
Esta misma condición de ciudad de paso, de ciudad frontera trae consigo una labor de seguridad, de mecanismos de control y vigilancia por toda la ciudad. Hay policías en cada esquina y en las noches las sirenas resuenan como en el barrio más temido de la NY de los años 80’s; así mismo está la policía de frontera y la guardia nacional en los lugares en donde pueda existir algún riesgo terrorista. un ejemplo: a pocas semanas de llegar, me encontraba yo tranquilamente en la estación de tren “Gare Lille Flandre” rumbo a Château-Thierry (otra pequeña ciudad de la que escribiré algo en su momento) con escala en París para reportarme ante la comandente en jefe, y mientras ojeaba una revista, me asaltaron cuatro policías (tres hombres y una mujer) haciendo un arco perfecto que me encerraba, con sus uniformes negros y una cinta roja alrededor del brazo solicitando de inmediato mi pasaporte. Estos seres que salían de la nada y que parecían poseer licencia para matar y cuya corpulencia se asemejaba a la de un jugador de rugby, (no se por qué, pero me recuerda a los escuálidos o barrigones “tombos” a los que estamos acostumbrados a ver en bogotá) me intimidaron de tal manera que lo poco que sabía de francés quedó en el olvido y sólo pude reflejar una palidez indigestiva que me hacía culpable de cualquier delito. Por qué yo? Es lo primero que me pregunté, cuando alrededor mío había gente, que por su aspecto y su olor tenían sobrados méritos para ser encarcelados o por lo menos bañados y olirificados sin condición alguna? La pregunta realmente sobraba, mi cara de latino daba razones suficientes para ser cuestionado en cualquier lugar del mundo, hasta en Colombia. Pues así fue, entregué mi pasaporte con mi residencia española y esperé las preguntas. Mientras me hacían la primera, visualicé claramente el proceso mediante el cual las palabras se hacen ruido… no entendí nada…umm, los miré, se miraron, repitieron la pregunta (yo tenía la esperanza de que fuera en inglés) en francés otra véz, pero ésta vez era la mujer la que me preguntaba y en un francés lento y vocalizado como para un niño de 3 años, como para mi; me preguntó por mi billete de tren. Se los mostré. Lo miraron, se miraron, me miraron y volvieron a preguntar: segunda pregunta, totalmente clara para mi: Colombiano, cierto? Oui, bien sûr!! Les respondí, para mostrarme orgulloso de mi patria y mis pocas palabras en francés. Asintieron, se miraron, me miraron y volvieron a preguntar: Puede ud explicarnos, qué hace un colombiano, con residencia española en Lille, con un billete para Château-Thierry con escala en París? Lo entendí todo. Era el primer sospechoso de la red más grande de tráfico de drogas desde Colombia a los países bajos y mi guarida, mi escondite era Francia. Conocer, les respondí, dudando de mi mismo y esperando su aprobación. Se miraron, me miraron y preguntaron: Pero ud qué hace en Lille? Visitando amigos, respondí y de nuevo dudé. Y a qué va a parís? Yo no voy a París, voy a Château-Thierry, respondí. Me está tratando de loco? Respondió el policía mas altos haciendo círculos con su dedo índice alrededor de su oreja. No, respondí. Y a qué va a Château-Thierry? A visitar a mi novia, dije. Se miraron, me miraron y preguntaron: Su novia de dónde es? Francesa, respondí con seguridad y tanto entusiasmo (que espero nunca se entere ella), pues sabía que con eso ellos iban a quedar tranquilos, pues si hay algo de lo que se sienten orgulloso los franceses es de ser franceses; se miraron, me miraron, sonrieron y me dejaron ir. Buen viaje o buen día, fue lo último que entendí, lo otro que me dijeron pudo haber sido un insulto, pero ya no me importaba, así que recogí mis cojones que estaban en el piso y la poca Valentía que me quedaba y fui el primero en subirme al tren.
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De esta manera, para salir por Lille, siempre hay que salir con pasaporte y una fe ciega para que no lo paren a uno por la calle o no me arrojen en la noche de un viernes algún trozo de comida de los múltiples ventanales que acordonan la Rue solferino o la Rue Gambeta, en donde se encuentran las discotecas y los pubs más populares de lille. todo este conjunto de singularidades sumado al ambiente un tanto hostil por la segregación francesa a los africanos y árabes y al aprovechamiento de muchos franceses que cobran una pequeña pensión por no trabajar y que se juntan en plazuelas a pedir dinero para un Ferrari y que hacen venias y piden disculpas si uno no les colabora, más el verano que nunca llegó, más los mejores pastelerías y panaderias, más el mercado los domingos en la “place Nouvelle aventure”, en donde se consiguen desde Dvd del templo de chaolín hasta la más variada comida de Pakistan o Senegal, más esas calles antiguas de tanto encanto por donde los estudiantes y los turistas vienen y van perdidos, más la música que suena en cualquier parque, una viola o un violín, o una guitarra (siempre hay música) hacen de Lille, indudablemente el refugio menos idóneo para cualquier capo de la droga o cualquier “sans-papiers” de la región y el más perfecto para que un colombiano X como yo aprenda algo de la cultura y la lengua francesa.
Lille, 2007
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