miércoles, 1 de octubre de 2008

El viaje menor III


Intentando encontrar los orígenes de mi apellido en el País Vasco Español, me crucé con una amiga que no veía hacía por lo menos 5 años; sonriente y encantadora como la recordaba me invitó a una cafetería para degustar, mientras recordábamos viejos y temerosos tiempos, los famosos pinchos Vascos. Después de una sintética mirada recordé que había estado enamorado de ella y no dudé en pagar la cuenta. Que ridículos que podemos llegar a ser cuando estamos frente a una mujer hermosa, siempre tratando de parecer lo que no se es y lo que no se sabe. A veces resulta que la mujer es lo que no parece y sabe lo que tú no sabes. En uno de los muchos restaurantes universitarios en París, creo que en Mabillon, la volví a ver y pensé no reconocerla, llevaba una mano vendada y con la otra trataba de cargar la bandeja de comida con una firmeza tal que no pude evitar pensar la fuerza que podrían tener sus dedos. Siempre la vi, pero ella nunca se animó a mirarme a pesar de habernos visto y hablado muchas veces. Amor en silencio que grita con tus torpezas. Le pregunté si le ayudada, me reconoció y respondió tiernamente que ella podía sóla, no le insistí, se sentó a unas cuantas mesas de mi. Ese día supe que jamás habría algo entre nosotros, tal vez desconocimiento. El viejo francés, me contaba, mientras pedía un vaso de vodka, que las mujeres en su país se complican la vida por cualquier cosa, en Colombia la mujer es más abierta, más tranquila y hasta más tetona. Yo nunca me casé, continuó, porque me gustan las mujeres de senos grandes, les da carácter, pero también mucho poder; bebió un sorbo de su vodka. Entrar en una biblioteca a ojear revistas o a leer el periódico durante más de 8 horas, puede ser un síntoma de tu soledad. La soledad se puede medir por el número de libros que has leído. Las mujeres te entretienen, los amigos te entretienen y muchas veces te pervierten, si es que lo pervertido puede llegar a ser perverso, y en las bibliotecas encuentras amigos y mujeres, que sin quererlo, buscan compañía para leer. Hay instantes en Lille, en los que las Campanas de la iglesia en la place de Wassemme, pueden convertirse en los instantes de soledad más nublados que puedas vivir, estás acostado, sin calefacción, envuelto en una, dos, o tres mantas, mientras permaneces en ese estado intermedio entre dormido y despierto; y cada campanada, cada estruendo, te recuerda tu cruda humanidad: solo, lejos de tu casa, en un lugar en donde no hablan tu lengua y no escuchan tus murmullos...muchas veces en voz alta. Tal vez no has querido parar de beber y ahora puedes hablar mejor y tal vez escuchar lo patético que eres cuando no eres nadie.

jueves, 18 de septiembre de 2008

El viaje menor II


La cotidianidad mata lo que sea; recuerdo que en algún día de agosto del frío verano parisino y caminando por el Quai de conti, me estrellé sin querer con un señor de unos 70 años, me contó su vida. Otro día sobre la Rue Cardenal Lemoine y buscando un café que no existía, un viejo que creyó que estaba perdido me contó su vida y me dijo que el mar que más le gustaba era el que se podía ver desde una Terrasa en Bogotá. La soledad también mata lo que sea y hace que pensemos demasiado, incluso en la muerte en instantes melancólicos y sucesos raros que te anudan la garganta y a veces te hacen vomitar, piensas en tus miedos, en tus amigos, en tus deudas, en lo que debiste o no hacer, en idioteces pasadas, en ridículos y excrementos de colores, en que te enamoraste tan perdidamente que jamás fuiste capaz de preguntar el nombre de aquella mujer griega que te miraba (quizás no a ti) pasar cada día desde su ventana, simplemente le sonrías; o en la chica que te habló y no le respondiste porque sabías que tenías mal aliento. En la plaza dos de mayo de Madrid las idioteces llegan juntas, primero beber hasta morir o un policía que te amenaza con pedirte los papeles si no te largas, no soporto los holgazanes, yo soy uno de ellos. Recuerdo muy bien un enero en Lisboa en el que una amiga se detuvo justo en la plaza del comercio y no quiso caminar más; ese día ella no vio el mar. El viaje menor nacía en esos instantes en los que me decías que estaba despeinado e intentabas con tus manos aplacarme el pelo sin conseguirlo, o las veces en las que no conseguía alcanzarte después de una discusión con fundamentos en las que siempre salías corriendo y atravesabas avenidas y calles sin mirar. Esos días los disfruté y me callé. O la mirada del perro callejero, ese que está acostado en la entrada de cualquier taller, ya viejo y cansado, y quiere ladrar, pero prefiere permanecer echado. Los perros de mirada triste me hacen estremecer, parecen de verdad, como si no supieran que ser nostálgico es una alegría, detenerse a pensar cada segundo en lo que no fue, en que lo que fue no fue tan brillante, las risas de quien te viera cantar, las nostalgias de un buen bailarín sin pareja. La muestra de que todos estamos vivos es que no hay quien nos diga lo contrario, al no ser que estemos muertos, eso sería un triste alivio y una gran contradicción.

jueves, 11 de septiembre de 2008

El viaje menor I.


Hacia el risoma.  Qué fue lo que me dijiste cuando salíamos de aquel bar de la Rue Saint Denis?? Paris no acaba nunca, diría entonces Hemingway. En parís el risoma desaparece en pont neuf, como en Madrid se gana la vida en algún bar de Argumosa.  Que vida aquella, tú sentada esperando una palabra y yo parloteando sin decir nada.  Al final el lenguaje es algo más que esa rosa robada de un jardín cualquiera o que el rostro sutil del miedo, también están los pequeños escalofríos y los breves dolores de espalda que se escapan en ese momento en que te animas a darme un beso.  Caminando por la Candelaria me encontré con un francés de unos 60 años.  Me invitó a tomar café y aunque quise hablarle en francés el siempre guió la conversación en un español digno de lágrimas.  Me contó la historia de un colombiano en Francia que hablaba un francés digno de carcajadas, pero del que se había enamorado por esa manera latino- americana de reír y de mirar, era un colombiano hijo de la guerra y de la pobreza, murió apuñaleado en una pelea por defender a un amigo Marroquí que se había enfrentado a una pandilla de franceses en un banlieue, todo el mundo pensó que era árabe, nadie le ayudó, ni su amigo.  En Francia los colombianos son colombianos, en Colombia los colombianos quieren ser franceses, me dijo con voz temblorosa mientras se tomaba de un sólo golpe un aguardiente doble. En Barcelona el mar muere en Montjuic y los artistas se venden caro a los nórdicos en las ramblas, los argentinos quieren ser italianos, los ecuatorianos españoles, pero nadie quiere ser catalán. en el Carrer del Perril, en donde viví una breve temporada, en pleno barrio de Gracia, viví mi último contacto con lo que pudo ser el amor: desgracias. El amor se cansó de señales, de lenguajes, de miserias. Una falda corta puede provocar una catástrofe, pero también puede ser la escapatoria momentánea, muy momentánea a veces, a un nuevo comienzo.  En París nunca te entienden, porque no quieren entenderte, la mujer francesa sólo te entiende si no le hablas. En montmartre una mujer me preguntó algo y como no le contesté me besó, nunca le entendí lo que me dijo, pero entendí lo que quería. Es la estética del deseo, ya no hay palabras, somos cuerpo y desde el cuerpo nos hacemos dioses y esclavos. La manera más fácil de ligar con una mujer en Lille, es mirarle los pies y subir la mirada lentamente hasta llegar a sus senos y si luego le miras las orejas verás lo vacío que es el amor;  nunca la mires a los ojos, o se enamorará de ti.  Entonces le dije al viejo: yo en Colombia soy bogotano, en Europa soy Latinoamericano y en el Aeropuerto soy narcotraficante, es una tragedia. el viejo sonrió y me respondió: yo en Francia soy francés, porque nadie quiere ser de París, en Colombia soy parisino, porque no tengo otra opción, la patria se vende barata en estos países, en Europa la patria es la lengua y vale una guerra...para mi "la patria es una mujer". Se tomó de un zarpazo otro aguardiente doble.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Estática


Días sin ningún disimulo a la mediocridad. De mi habitación a la estática biblioteca (que afortunadamente permanece estática para bien de mi cordura y mi estabilidad emocional) son 5 minutos a paso de jinete; aveces puedo tardar todo el día en llegar. Encontrar que la biblioteca está 3 cm más cerca de mi casa, sería una aventura mas en un día estático como han sido casi todos estos días. Casi todos, porque hubo uno o dos, dentro del mes de agosto, que se salieron subrepticiamente de la rutina amarga de un estudiante en París. Cambio de ritmo I: un vecino toca a mi puerta y me pregunta algo en un francés africano de la misma complejidad que el español dominicano. le digo Je ne sais pas. por querer decir que no le entendía, y el me dice ça serait bien, merci, au revoir. Cambio de ritmo II: entrando a la biblioteca me encuentro con un hombre igual a mi pero creo que de descendencia oriental, a primera vista me hizo horrorizar la idea de encontrarme a mi mismo, en las mismas, repetidas veces. Luego me di cuenta que era un poco más alto que yo y que hablaba chino. De vuelta a la estática.  Agosto: cité U, los días pueden ser más largos y las noches igual de largas porque todo es igual, incluso la monotonía.

martes, 19 de agosto de 2008

Amsterdam


Si todos los días terminaran en Amsterdam y no regresáramos?
a pesar de enrredarme en esas nubes de humo, en esos pálidos ojos y en los muy inseguros y ardientes rostros,
sabía que todo mi cuerpo y que toda la esencia, el olor y esos extraños movimientos que sentía a mi lado, no eran nada...
es verdad que no amanece, es verdad que no hay movimiento alguno.
Algo me dijo Douglas, algo importante...qué era?
dos días que no fueron días entre la lluvia, eso es seguro.
"No es el olvido
la niebla que anida entre los ojos.."

viernes, 25 de julio de 2008

De Rocky a Rambo y otras Sagas, rompiendo el mito anti-Holywood.


Hace ya algunos meses se estrenó la cuarta parte de Rambo, John Rambo(Stallone, 2008) continuación de una de las mejores sagas de antiheroes de Hollywood y representante de la decadencia del cine bélico actual. La vi y me gustó, me gustó la carnicería de comienzo a fin, la sangre y la crudeza de cada escena, el irremediable rostro sudoroso y estático de Silvstre Stallone, el argumento simple y previsible, los vacíos guionísticos, los personajes baldíos y la dirección conformista de su mediocre realizador. tal vez me guste el cine mediocre, no todos somos perfectos. Todo me gustó, me gustó la cara que hicieron algunos amigos y el descontento de mis amigos y enemigos, cuando les conté mi hazaña. 
No podían creer que perdiera dinero en este "tipo de cine", la realidad oculta es que no gasté un sólo céntimoa, pues la vi por internet, sin embargo no me hubiera importado hacerlo, bueno, o tal vez si, el caso es que Rambo cumple con el principal objetivo comercial del cine que es entretener (a mi me entretuvo) pero lo que realmente me duele de todo esto,d e toda esta parafernalia que representa una película como ésta, son las injustas difamaciones hechas por los activistas anti-Hollywood que no creen en estas Sagas tan sólo por lo que representan: entretención. Me criticaron aquellos que creen que el único cine válido es el "cine de autor" el "cine arte", es decir, el cine que no es de Hollywood, porque así son de básicas sus pretensiones cinéfilas, todo aquello que no viene de Hollywood es cine y si viene de Polonia o Servia, pues mejor y si es, preferiblemente, de Japón o Vietnam, o claro, de Francia o Alemania, es "Arte", el resto es bulgaridad, "comercio"; y la gente que se cree culta y que se aglomera en nuestro pequeños países pobres en las diminutas e incómodas salas en dónde se presentan nimias películas del peor cine Francés o taiwanes, pero que se venden como obras maestras a la inteligencia de nuestra clase intelectual, miran satisfechos, orgullosamente engañados y con el ego intacto aquellas obras sutiles de un sólo acto y de pésimas traducciones que los hacen sentir superiores y extravagantes a pesar de su pobre realidad ; 
Estudiantes, profesores, salen del teatro con sus pipas y sus sacos de cuello alto comentando la fotografía y la secuencia en la que el personaje principal contempla durante 20 minutos la caída de una hoja en otoño, o el significado anti-imperialista del sombrero rojo de un personaje al que nunca se le ve el rostro y que resulta ser él mismo y todos y ninguno a la vez. Para estos seres terroríficos, universitarios tratando de ligar con alguna niña, universitarias tratando de deshacerse de algún hombre, y que hablan de Godard, de Antonioni, Lubitsch, Bergeman o de Traufaut se les olvida que cineastas como Hitchcock, Ford, Coppola, Altman y hasta Kubrick tuvieron algo que ver con Holywood, con el "cine comercial" y que muchos de ellos deben sus grandilocuentes producciones gracias a ese cine popular. Cine comercial = cine basura, es una categoría anacrónica que desvincula el potencial del director con la producción. El cine tiene que ser para todos y entre más gente se aglomere para apreciar la suprema maravilla del cine mejor; algunos les gustarán y tendrán como películas de culto la saga de la india María (por qué no?) o de Sé lo que hicieron el verano pasado y otros preferirán al ladrón de bicicletas o blow up; yo me pregunto, entonces, qué hace Scorsese en producciones maestras como Googfellas (1990) o The Departed (2006), o David Lynch en The Straight Story (1999) producida por Disney, o Eastwood con obras demoledoras como Unforgiven (1992) o Mystic River (2003)?, lo que hacen no son obras maestras?... todo eso es cine de Hollywood, todo eso, es cine también. De esta manera vuelvo al tema de este texto, Rambo. Rambo, Rocky y todas las sagas con personajes míticos creados para entretener, desde Indiana Jones hasta Aliens y Depredador; 
Las dos primeras películas no sólo tienen en común el protagonista, ni que el director de las úlitmas partes de esta saga sea también el protagonista, sino que además, las dos vienen de hacer su reaparición de manera honrrosa, al igual que Indiana, en las salas del mundo y representan mitos hollywoodenses y antiheroes del cine, como lo fueron en su tiempo Harry el sucio ( Don Sieguel, 1971) o el vengador anónimo (Michel Winner, 1974). Y si todos recordamos (y queda en la memoria) el cinismo del Inspector Callhan en el rostro de Clint Eastwood o la frialdad de Paul Kersey interpratdo por el glorioso Charles Bronson, aún podremos regocijarnos, gracias al estreno reciente de sus sagas, de la mirada enajenada y violenta de un Jhon Rambo sin compasión y la inocente, tontarrona y a la vez perversa ambición de triunfo de Rocky Balboa.
Realmente para valorar estas sagas hay que dejar a un lago la estética, que muhcas veces es excelento o por lo menos honorable, y contemplar al mito creado en sus primogénitas partes. Estos anti-heroes, que encarnan lo más pervertido de nuestras sociedades y los miedos y los imaginarios de los Norte Americanos y que se presentan como alegorías a la tristeza, a la soledad, a la violencia que tenemos dentro pero que ante todo son una alegoría a la humanidad, nos hacen percibir que el mundo se puede burlar de si mismo, e ahí su magia, es ahí en donde cobra sentido la cinematrografía "comercial". Recordemos un poco quién es Rocky en la primera parte de la saga llamada Rocky (Avildsen, 1976), Este personaje es un inmigrante italiano, ferviente católico, pobre, que vive en un suburbio de Filadelfia y que además tiene un leve retraso mental; su afición: el Boxeo, pero además es Zurdo y un boxeador zurdo debe trabajar el doble para no competir en desventaja, es decir lo tiene todo para ser un estigmatizado, un anormal, un hombre infame. 
Logra, por medio de varios esfuerzos y limitaciones y gracias a que el entonces defensor del título Apolo Creed necesitaba de un boxeador de baja categoría que le permitiera conservar por otro año su título, llegar a la final del campeonato del mundo. Y pierde. Es ahí en donde nace un nuevo antiheroe, es ahí en donde nace el mito, es ahí en donde la saga tiene que continuar y las secuelas engrandecer su historia; rocky no gana jamás una pelea, que no sea una pelea callejera, en Rocky II (Stallone, 1979) gana por decisión, en rocky III (Stallone, 1982) todas las pelas son compradas y en la úlitma gana pero porque Mr T no entrenó, se confió y no era e mismo del primer combate, en Rocky IV (Stallone, 1985) en plena guerra fría, la pelea final la gana pero es declarada ilegal y además queda en la ruina por una apuesta en su contra hecha por su cuñado, en Rocky V (Avildsen, 1990) la gana, pero en la calle y no es de Boxeo, y en Rocky VI (Stallone, 2006) ya viejo, decide pelear por última vez y vuelve a perder....Increible. 
Con Rambo sucede lo mismo, pero al revés: Es un excombatiente de la guerra de Vietnam que regresa a su patria convertido en Héroe y que termina como el más frío de los mercenarios. En First blood (Kotcheff, 1982), tal vez la mejor de todas, el personaje de Jhon Rambo, regresa de la Guerra dispuesto a hacer una vida normal, pero se encuentra con la hostilidad de un pueblo que no le permite olvidar lo vivido en la guerra; Las otras sagas, aunque “ellos comenzaron”, Rambo no deja de destruir y matar gente en todas su sagas sin contemplación alguna de patria, raza o religión, al final se convierte en ermitaño al que no dejan tranquilo ni en las profundidades de la jungla asiática. 
Indiana Jones, a pesar de lo rimbonbante de su guión, sale bien librado gracias a que conserva intactas las manías y las señas que lo caracterizaron desde su primara parte en busca del arca perdida (Spielberg, 1981) en donde el manejo del humor es fundamental para crear el aprecio hacia este mítico antihéroe.
Aunque muchas de estas películas son malas, algunas hasta dan risa y tristeza, quienes crecimos con muchos de estos mitos nos parece inevitable continuar apreciando aquello que vimos cuando niños y que nos hace partícipes de una o muchas generaciones sin que sea necesario exterminar al Héroe para entender que la mediocridad de muchas de estas sagas, refleja simplemente que el cine es y debe ser un submundo en donde todas las realidades reflejen lo ficticio de nuestras vidas.

viernes, 11 de abril de 2008

El regreso a la indiferencia


Han pasado tres meses largos desde la úlitma aparición de algún escrito o esbozo burlezco de escritura en este blog. Tres meses!! y ningún comentario, ningún cuestionamiento o preocupación por parte de mis asiduos lectores. Hecho extraño y contradictorio, dadas las multitudinarias visitas que tenía y los innumerables comentarios que llegaban de todas partes del mundo ( de Brasil, Francia, Colombia, Italia, Japón...) sobre todo a raíz de mi úlitmo escrito que generó polémica por hacer un mal ensayo de plagio de un poeta que no era poeta, pues era él mismo. Eso demuestra una vez más que se ha alcanzado lo que se tenía por objetivo en el blog: la indiferencia. Esa, la indiferencia, la que nos tiene en el umbral de la podredumbre, de la ignorancia; porque los colombianos somos indiferentes, los latinoamericanos somos indiferentes, a todo, a la familia, a la ciudad, a la violencia, a la guerra (porque dos marchas en un país con 200 años de guerra no cambian absolutamente nada), al hambre, a la miseria, indiferentes a la indiferencia; y mi blog no fue la excepción, ni más faltaba. Pero acá estoy de nuevo, tratando nuevamente de romper con la monotonía de mis días en París (monotonía, que cabe decir, no me molesta lo más mínimo), de la Universidad sobre el BLd Raspail, hasta Dnfert-Rochereau, de allí hasta Parc Mossouri, pasando por la rue Emile Deutch hasta el bld Jourdan y de ahí a mi casa en la cité Universitaire, todos los días, media hora de camino después de algunos seminarios en donde muchas veces el francés, en tonalidades muy bajas, se confunde con el ruido y el ruido con los pensamientos más inhóspitos, hasta que un cambio de voz o un movimiento de quien está sentado al lado mío, me revela la triste realidad de mi condición subalterna y mi derecho a no roncar. Del bld raspail a la rue Vavin o Asás, hasta Luxemburgo, pasando por el Quartier Latin, luego Saint Michel, cruzando el Sena hasta la Rue Renard para llegar hasta el interminable barrio judío...caminatas monótonas que no dejaré de hacer, como no dejaré de hacer este blog, a pesar de la indeferencia, de la violencia o el hambre, segurié anti-escribiendo, como un ejercicio de mofa, de incoherencia conmigo mismo y de irrespeto con ustedes.